Dos pasos, aunque llegues rendida, para que tu piel no pierda su momento de reparación.
Un estudio del Institut de Recerca Biomèdica y el Centro de Regulación Genómica de Barcelona descubrió algo curioso sobre las células madre de tu piel: durante el día se dedican a protegerte, y solo en la noche se dividen y se especializan para reparar lo que el día dejó. Un cronobiólogo de la Universidad de Manchester lo hizo todavía más específico: ese pico de renovación ocurre, casi siempre, entre las 2 y las 4 de la madrugada. Justo la hora en la que, después de una fiesta de Halloween, muchos llegan a casa con ganas de una sola cosa: tirarse a la cama.
Quitarte el disfraz no es quitarte del todo la noche
El problema no es la fiesta, es lo que se queda encima cuando el cuerpo ya decidió que va a dormir. El maquillaje, la pintura facial, hasta el brillo o la purpurina, se convierten en una barrera justo en el momento en el que tu piel más necesita estar libre para trabajar. No hace falta una rutina de diez pasos a las tres de la mañana, hace falta una de dos.
El ritual de dos pasos que sí puedes hacer medio dormido
Paso 1. Antes de acostarte, así sea lo último que hagas, pasa un algodón con agua micelar por toda la cara. No necesita enjuague ni movimientos complicados, solo cubrir cada zona donde hubo maquillaje.
Paso 2. Termina con un bálsamo labial. Los labios se resecan más rápido que el resto de la cara, sobre todo si la noche estuvo fría, bebiste algo, o hablaste y reíste toda la noche detrás de una máscara.
Con eso basta. No es la rutina completa que harías un domingo con calma, es la versión mínima para que tu piel, aunque tú ya estés dormida, pueda hacer lo que mejor sabe hacer.
Tu piel no necesita que estés despierta para trabajar. Solo necesita que le quites lo que le impide empezar.